El tratamiento más eficaz de las neoplasias malignas peritoneales (también conocidas como “Carcinomatosis”) ya sea por depósitos metastásicos o por neoplasias malignas primarias del peritoneo, es la Cirugía Citoreductora, usualmente asociada a la Quimioterapia Intraperitoneal Hipertermica, conocida como HIPEC.
La cirugía citorreductora es un procedimiento quirúrgico altamente especializado durante el cual el cirujano extirpa partes del revestimiento interno del abdomen, conocido como peritoneo, mediante peritonectomía, así como los órganos afectados o sus partes, como el colon o intestino delgado, el bazo, el útero, los ovarios y la vesícula biliar. El objetivo de la cirugía citorreductora es la eliminación completa de todos los depósitos tumorales visibles. Se trata de un procedimiento quirúrgico complejo para el cual es fundamental que los cirujanos tengan una formación especifica, se dediquen de forma especializada a este tipo de cirugía y tengan una amplia experiencia en este campo.
La quimioterapia intraperitoneal hipertermica (HIPEC) suele combinarse con la cirugía citorreductora con el objetivo de eliminar la enfermedad residual microscópica que pueda quedar al final de la cirugía citorreductora. Durante la HIPEC, que se administra como parte de la misma intervención quirúrgica, la solución de quimioterapia circula por la cavidad abdominal calentada a 41-42 °C para mejorar su eficacia y profundidad de penetración.
Un equipo multidisciplinario liderado por un oncólogo quirúrgico especializado en neoplasias malignas de la superficie peritoneal decide si se recomienda la cirugía citorreductora y la HIPEC según las características moleculares y la biología del tumor primario, la extensión de la enfermedad, la afectación de los órganos y el estado general del paciente.
Si la cirugía citorreductora, con o sin HIPEC, no es posible, algunos pacientes pueden ser candidatos a quimioterapia intraperitoneal aerosolizada presurizada (PIPAC). La PIPAC es una técnica que no implica la resección quirúrgica de los depósitos tumorales y se centra en la administración de quimioterapia en la cavidad abdominal mediante laparoscopia. Es un procedimiento mínimamente invasivo que suele repetirse tres veces para maximizar el resultado, pero puede repetirse mas veces si la respuesta es favorable. Algunos pacientes muestran una excelente respuesta de los depósitos tumorales a la PIPAC y, como resultado, pueden llegar a convertirse en candidatos a cirugía radical.